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Ayer encontré la flor que tú me diste, y me dí cuenta de que como una rosa que pierde su aroma, así era mi vida. El departamento de I+D se movilizó con urgencia por necesidades publicitarias y su fruto tuvo aroma a rancia soledad ante el PC.
Al menos, tras unos minutos de tensión se abrió la flor y vino una abeja a posarse, y haciendo la función de espíritu santo iluminó claramente la senda que habrá de llevarme a la conclusión del trabajo bien hecho.
Ahora el resultado ondeará como un crespón sobre la bandera de cada día, a precios de oro que nunca podrá tocarse, pero sí admirarse en su mecida silente. Las oportunidades, lo oportuno, oportunamente, volvió a pasar.

